En Burgos conocemos de sobra la dualidad del terreno: las gravas limpias del aluvial del Arlanzón, que drenan bien pero vibran distinto, y las margas terciarias más cementadas de la zona de Gamonal, donde la respuesta a la vibración cambia por completo. El diseño de vibrocompactación no es meter un vibrador a ciegas y esperar que el suelo se arregle. Es un proceso de ingeniería que empieza con el ensayo CPT para mapear la resistencia de punta antes de decidir malla, frecuencia y energía, y se cierra con ensayos de control que validan la mejora real del terreno. Nuestro equipo técnico ajusta cada parámetro a la litología local porque la compactación profunda en Burgos exige leer el suelo antes de vibrarlo.
En las gravas del Arlanzón logramos mejoras de densidad relativa superiores al 75% con mallas optimizadas a la curva granulométrica real, no a la supuesta.
